viernes, 26 de marzo de 2010


DE un torero se dice que se halla en estado de gracia cuando le sirve cualquier toro. Incluso los toros que no sirven. La fórmula de "servir un toro" era patrimonio de la tropa pero no de los ganaderos. Era. La fórmula tuvo éxito, tal vez por fácil y cómoda, y al cabo del tiempo también los ganaderos se han decidido a patrocinarla. Por la parte que les toca. "¿Qué tal la corrida?" "Han servido cuatro".La de Cebada Gago de ayer, sin ir más lejos. Cebada es un ganadero que suele pillar a todo el mundo con el paso cambiado. No porque la ganadería no sea fiable, que lo es. Sino porque ha crecido, como si hubiera creado distintas ramas o se hubiera abierto mucho. Sólo las ganaderías fiables se permiten el lujo de abrirse, crecer y multiplicarse. Y entonces las ganaderías se hacen más fiables que previsibles.Cebada ha logrado ser ganadero de éxito. Eso es del todo indiscutible. A medida que los éxitos fueron criando al ganadero fama empezaron a dividirse las opiniones. La ganadería cuenta con legión de admiradores. No sólo nombre y fama. Hay también detractores. A los toreros les incomodan las puntas tan buidas de los toros de Cebada. Ha llegado incluso a plantearse en algún foro científico por qué razón el toro de Cebada es y sale tan astifino. La ganadería, dicen, más astifina de España. La corrida de Cuadri del lunes lo fue, y llamativamente, pero en los toros de mazorcas gruesas parece que el filo de los pitones no brilla tanto. El toro clásico de Cuadri da cuernas cenicientas y el filo requiere brillo. Los dos primeros toros de esta corrida de Cebada lucían testas de escalofrío. Temibles. Arremangados, alambicados, absolutamente en puntas. Es curioso que se jugaran por delante los dos toros de más cara. Cuarto y quinto salieron igual de astifinos, pero no se salían del cuadro. Y, sin embargo, el quinto, engatillado, más ancho de sienes que cualquier otro, de línea y hechuras diferentes, fue el único de los seis cebadas que dio la sensación de saberse armado. O de cómo utilizar las armas que tenía. Si ese estilo, de tan agresivo genio, llega a sacarlo cualquiera de los dos que abrieron fiesta, la corrida habría sido de las de tenerse los nervios y tentarse la ropa. Y pensárselo. Todavía más de lo que se lo piensa cualquier torero que se anuncie con una de Cebada. Se puede mirar el negocio por otro lado y empezar por el final sin mirar por el revés. El sexto toro de corrida. De pastueña dulzura y muy llamativa bondad. El toro que les gusta a los toreros. Y a los ganaderos también. A la mayoría. De buen ver: ni bajo ni alto, ni poco ni mucho, cortito, vareado, estrecho. Colorado y transparente. Sin cara de cebadagago clásico. No un espadachín. Con cara de bueno. Más que ninguno sirvió. En el capítulo de toros de servicio no entraron ni el belicoso quinto, buscón y brusco, ni el segundo, temible por fuera, pero llorón y rajadito. Pero incluso entre los que dan por buena la fórmula de servir y basta, no hay ganadero que al llegar a casa después de los toros no consulte las notas de su corrida en el caballo. Sin notas de caballo no se puede cantar victoria

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